Volver a la Granja
En épocas pasadas, la gente lograba un alto nivel de autosuficiencia en las granjas. Hoy el hombre puede lograr una mayor autosuficiencia a travès del uso inteligente de avances de la tecnología y la ciencia.Durante muchos años, la mayor cantidad de la gente transcurría su tiempo en ámbitos rurales. En el marco de su entorno, contaba con un alto grado de independencia y autonomía. Los integrantes del hogar y de la familia construían y ampliaban sus casas, producían y procesaban sus alimentos, criaban animales y cooperaban con colegas y vecinos en el intercambio de bienes y servicios.
En paralelo, en los centros urbanos se desarrollaba la actividad comercial. Esta era parte central de la macroeconomía, pero no factor esencial de la microeconomía de los hogares.
Luego llegó la Revolución Industrial y con ella las facilidades de las grandes máquinas para la producción de bienes y servicios. Masas de población se trasladaron a los centros urbanos y se generalizó la alfabetización, la participación cívica, la democracia y una gran cantidad de servicios y desarrollos característicos de la vida en las ciudades.
Los ciudadanos y miembros de ese sistema, de a poco dejaron de ser autónomos, y abandonaron las prácticas de autosuficiencia que habían desarrollado durante siglos. El hombre común, más o menos explotado según la época histórica, entendió que el trabajo remunerado era parte esencial de su vida, y que trabajar significaba sumarse a grandes estructuras productivas que pagaban por su labor ofrecida.
Todos los miembros de la comunidad adaptaron costumbres, conductas y acciones a esa forma de vida. La gran mayoría de la gente trabajaba para estas grandes estructuras, y mes a mes, cobraba un sueldo con el que podían comprar aquello que necesitaban para su propia vida.
Las tendencias de consumo se generalizaron y se multiplicaron hacia todos los sectores. Se extendió una sociedad de consumo que tomó formas diversas e inimaginables en otras épocas.
En mayor o menor medida, los trabajadores a lo largo de los años hicieron valer sus derechos, y las leyes obligaron a las entidades productivas a protegerlos en todos los aspectos de la vida. Además, en paralelo, el Estado ocupó un rol central en el desarrollo del bienestar social de toda la comunidad.
Desde hace algunas décadas a la actualidad, ese extenso proceso que se había iniciado con el surgimiento de la revolución industrial, comenzó a desdibujarse. Diferentes variables económicas a nivel mundial, generaron una gran concentración de la riqueza y una transformación de las estructuras productivas. Los avances tecnológicos fueron determinantes para ese cambio.
En el marco de ese proceso, cada vez fue necesaria menos gente para producir la misma cantidad de bienes y mercancías.
La gente amontonada en las grandes ciudades sufre el desempleo y la imposibilidad de obtener una seguridad real para sus vidas. Seguramente, muchos ciudadanos excluidos estarían felices de regresar a esa autosuficiencia mínima económica que desarrollaban los ciudadanos rurales de épocas pasadas.
Actualmente, el panorama se presenta sombrío y desalentador, pero los desarrollos científicos y tecnológicos puestos al servicio de la comunidad, también plantean una posibilidad de cambio concreto.
Estos elementos tecnológicos abren opciones de desarrollo social para los miembros de la comunidad y de una nueva economía social. El uso inteligente de herramientas de producción y automatización son, sin lugar a dudas, una posibilidad real para la comunidad.
El desarrollo de la idea del New Work en diferentes partes del mundo, ideado por el filósofo Frithjoff Bergmann, prueba los beneficios y las opciones posibles a partir de las facilidades científicas y tecnológicas. Algunas experiencias aún se encuentran en una etapa inicial y son solo una semilla de cambio. Al margen de eso, los diferentes proyectos cuentan con un potencial inimaginable.
El papel que ocupe el Estado en este proceso es fundamental. Desde el ámbito de la educación, para adecuar los contenidos programáticos a la utilización de las nuevas tecnologías, y para la promoción de las nuevas figuras de cooperación e interacción social. Al mismo tiempo, los gobiernos tienen una tarea esencial para promover la generalización de la tecnología en todos los ámbitos y en todos los sectores.
Sin duda, en esta nueva realidad el conocimiento es el elemento fundamental. Es decir, es de enorme importancia la posibilidad de transformar todo el caudal de información disponible en conocimiento. Teoría y práctica que luego puede ser utilizada a favor del nuevo paradigma de la economía mundial y de la nueva economía social.
En ese sentido, es preciso aprovechar todas las facilidades que ofrecen las nuevas tecnologías de la comunicación: inmenso caudal de información, variadas posibilidades de comunicación, facilidades para la administración de datos y recursos. Y uno de los puntos más importantes; todo el espacio que sea necesario, para el desarrollo de ideas, caminos de intercambio, y acciones para la construcción de espacios de crecimiento social.
La idea del New Work es una concepción que busca que los diferentes grupos comunitarios puedan producir de manera auto organizada algún porcentaje de los bienes necesarios para el sustento de las personas. Al mismo tiempo, es una reorganización del trabajo, para la generación de nuevos negocios y empresas cooperativas; y para que todos puedan dedicar parte de su tiempo a desarrollar actividades vocacionales, según sus propios deseos. Esta idea, en conjunto con la utilización inteligente de las tecnologías de la información y la comunicación, plantean para el mundo una nueva mirada, que ofrece el mejoramiento de la vida de todos.
Tal vez, el mejor uso de todas estas herramientas permita que el hombre en su situación actual pueda regresar de alguna manera a aquella granja que abandonó. Una nueva granja tecnológica que tiene elementos de épocas pasadas y otros de este siglo de avances. Ya no para aislarse de manera autosuficiente, sino para disfrutar de la vida tranquila, del tiempo libre y de la naturaleza en su mayor esplendor.
Sebastián Di Domenica
Abril de 2004
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